Orrialde:Biotz-begietan (1932).pdf/115

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Pues que la noche sufres de una atroz privación, y en !a amistad no fías de quien partió contigo, a una mesa sentados, el pan de juventud, ojalá yo pudiera, ¡ojalá!, hacer entrar, suave como en el bosque dormido entra la luna, este gemido mío en tu muerto corazón.

¡Entrara en él, volviéralo a la vida y humana luz encendiera dentro de la mansión sin luz!

Mas, si así no ha de ser, piadoso Dios, la deuda perdónale que hubiere ante Tí. Y en la Patria Luminosa yo un día véalo en posesión de razón que ya nunca velará más la niebla, y con lágrimas dulces, tan dulces cual no puede sino allí ser el llanto, abrácelo, ¡oh Señor!...